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¿QUÉ SON LOS COMITÉS PARA LA UNIDAD OBRERA (CUO)?

 

Los Comités para la Unidad Obrera (CUO)  nacieron, , con la voluntad de erigirse desde un primer momento como una herramienta organizativa que facilitara la unidad de la clase obrera.

Es un proyecto que pretende abrir un nuevo espacio en el seno del movimiento obrero y que, paulatinamente, vaya acogiendo a un número creciente de trabajadoras/res en torno a propuestas de análisis y de acción  que tiendan a denunciar la paz social y las prácticas claudicantes de algunos dirigentes sindicales. 

 

Los Comités para la Unidad Obrera (CUO) son, por tanto, un esfuerzo colectivo de la clase trabajadora y para la clase trabajadora. Un proyecto que no nace para enfrentar a los trabajadores por la defensa de unas siglas sindicales determinadas, sino para unificarlos por encima de las mismas y para organizarlos junto a quienes hasta ahora no se han vinculado a ninguna de ellas.

 

Los Comités para la Unidad Obrera (CUO) pretenden, por tanto, estar presentes, organizarse y unificar a trabajadores con o sin afiliación sindical  , y su objetivo principal es lograr el mayor grado de unidad de análisis y acción de toda la de clase obrera.

 

Los Comités para la Unidad Obrera (CUO) quieren constituirse en un movimiento de intervención sociopolítica, es decir, estar presentes en las movilizaciones que puedan desarrollarse en otros ámbitos que no sean de estricto carácter laboral.

 

Varias son las características que definen a los CUO, que constituyen su razón de ser y sus señas de identidad:

 

  • Reivindicativo y de clase: Defiende las reivindicaciones inmediatas de la clase trabajadora con o sin afiliación sindical, en activo, desempleada o jubilada. Se orienta hacia la superación de la sociedad capitalista y la construcción del Socialismo. Fomenta la superación de las divisiones en el seno de la clase trabajadora. Promueve la integración del trabajo manual e intelectual, la equiparación de los derechos de los trabajadores y trabajadoras sea cual sea su origen cultural, la eliminación de las atribuciones de género en la asignación de los puestos de trabajo.
  • Militante: Su razón de ser se encuentra en la conquista y defensa de los derechos e intereses de la clase trabajadora. 
  • Independiente: Sólo obedece a los intereses, necesidades y aspiraciones de la mayoría trabajadora.
  • Feminista: Defiende la igualdad real entre trabajadores y trabajadoras y combate toda forma en la que pueda manifestarse una discriminación contra la mujer trabajadora por razón de su sexo.
  • Asambleario: Su soberanía reside en la asamblea del conjunto de trabajadores.
  • Unitario, plural y de masas: Es diverso como la clase trabajadora pero coincidente en intereses objetivos y aspira a aglutinarla en su conjunto.
  • Democrático y participativo: En el compromiso de los trabajadores en la defensa de sus derechos se expresa el más alto nivel de democracia.
  • Sociopolítico: Además de la mejora de las condiciones de trabajo y de vida, asume la defensa de todo aquello que afecta a la clase trabajadora como tal, en la perspectiva de eliminar todo tipo de opresión. Unir a toda la clase obrera para luchar por sus derechos y por el avance hacia una sociedad socialista. 
  • Internacionalista: Porque la lucha de los trabajadores no tiene fronteras y los avances y retrocesos en las posiciones de los mismos lo son de todos por igual. Recoge como principio el internacionalismo proletario y establece como compromiso de vinculación y difusión los planteamientos de la Federación Sindical Mundial (FSM) como organización internacional que mejor representa al sindicalismo de clase.

 

El antídoto es la razón científica revolucionaria con espíritu crítico en guerra contra el dogmatismo, el supremacismo, el triunfalismo, el mercantilismo, el individualismo y la brutalidad del nazifascismo

Fernando Buen Abad

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Fanáticos: dícese del apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas (Diccionario de la Real Academia). Definido así, no parece una conducta tan perniciosa, como lo es, en sus expresiones concretas y con sello de clase. Dicho como lo dice ese diccionario, parecería una «virtud» de esas prohijadas por la compulsión burguesa de exagerarlo todo… tal como nos lo ha enseñado, insufrible y avasallante, la publicidad capitalista, por ejemplo. Se aplaude el fanatismo de la mercancía y de la plusvalía; el fanatismo futbolero; el fanatismo por las farándulas y sus esperpentos; el fanatismo por los videojuegos y todos sus adláteres digitales o web. «Fanas», «fans» de políticos, de gurúes, de periodistas… hasta la náusea. Algunos, incluso, lo utilizan para exagerar algo que debe ser escondido porque ya se ha exagerado, hasta el paroxismo, en alguna emboscada ideológica. Mientras, el fanatismo se naturaliza. La razón, el pensamiento crítico y la ciencia quedan arrinconados. Fanáticamente.

Como suele suceder con eventos de la magnitud del nivel de esparcimiento del Covid-19, el mundo ha comenzado a prestarle una mayor atención al desarrollo de la enfermedad como nunca antes en los últimos cuatro meses, desde sus primeros brotes en Wuhan, a pesar de que sus márgenes y el potencial de infección de esta nueva cepa de Coronavirus ya era grave en el marco de su despliegue al interior de la sociedad más numerosa del mundo: China. Es decir, sólo la presencia del Covid-19 en Occidente y la rapidez y la amplitud con la que éste se abre paso entre sus poblaciones ha empujado al resto del mundo, a través de diversos organismos multilaterales, a sobreestimar los efectos que el virus podría tener en el futuro, con el propósito no necesariamente de generar pánico entre las masas o de establecer un estado de emergencia generalizado y caótico, sino, antes bien, con el objetivo de anticipar escenarios y posibilidades en las que este virus se agrave, mute y se radicalice en sus efectos.

 Luis Gonzalo Segura

https://actualidad.rt.com/opinion/luis-gonzalo-segura/349121-otan-desoir-peticion-espana-coronavirus

Con 3.500 muertos y 50.000 contagiados por coronavirus y una situación de completo bloqueo en la adquisición de material sanitario para afrontar el entonces casi inminente colapso del sistema sanitario, un colapso que después provocó dejar morir a personas en sus casas o en los pasillos de los hospitales por falta de material, el Gobierno español envió una desesperada señal de auxilio a la OTAN. La respuesta no pudo ser más desoladora: solo respondieron 4 de los otros 29 países que la componen. Casi menos que los países no OTAN que sí ayudaron a España durante esta crisis, como China, Cuba o Japón.

España solicitó, ante la dramática situación que vivía, 150.000 batas desechables, 450.000 mascarillas del tipo FFP2 y FFP3, 1.000 termómetros, 5.000 protectores faciales, 10.000 gafas protectoras, 1,5 millones de mascarillas quirúrgicas, 120.000 guantes, 500.000 pruebas rápidas, 50.000 pruebas de reacción en cadena de polimerasa y 500 ventiladores mecánicos.

 

La OTAN no es solidaridad, es armamento y guerra

Crisis mundial, coronavirus y capitalismo moribundo: un cóctel mortal

Andrés Piqueras

Profesor de Sociología y Antropología Social. Universidad Jaume I

Sería demasiado ingenuo creer que la crisis financiera y los terremotos económicos que vamos a padecer por una larga temporada son sólo consecuencia del corona-virus. La economía capitalista está tocada desde hace bastante tiempo. El crecimiento anual a escala mundial se ha ralentizado en torno al 2,5%. EE.UU. creció al 2%, mientras que Europa y Japón lo hicieron al 1%. En concreto Italia ha venido arrastrando 17 meses consecutivos de declive en la actividad manufacturera. Parecida contracción que en Francia, donde la actividad de las empresas (índice PMI) cayó 1.3 puntos, hasta 49.8 (por debajo de 50 significa que más de la mitad de las empresas no tienen ganancias).